lunes, 10 de enero de 2011

Dinosaurio

-Oye papá-mientras se peinaba el cabello
-Dime Lirio.
-¿cómo se caza un dinosaurio?
-No lo sé hija.
-¿Crees que puedo usar una red?
-Una muy grande
-¿Debería de hacer un agujero en la tierra para atraparlo?
-siempre y cuando no te ensucies.
-Gracias papá-

Lirio se despidió de su padre con un beso antes de salir al parque con Almeida, su amiga de la escuela. Por las tardes todos los miércoles salían juntas a inventarse los mil juegos que las divertían esos días de marzo que se volvían engañosos por el clima.
Almeida era la única niña en la que Lirio podía confiar. Los demás niños del colegio se burlaban de ella y de sus historias. Almeida no.
Al segundo día de escuela, Lirio encuentra a Almeida sentada en una banca en la hora de recreo comiendo una bolsa con caramelos de goma y una morsa de Peluche.

-Me gusta tu Animal-Decía Lirio mientras señalaba el peluche.
-Es el imaginario Robert-contestó Almeida- Te está saludando.
-Hola Robert.
Almeida movía una aleta de la pequeña morsa para contestar el saludo de Lirio.
-¿Tú no tienes a un amigo? –Preguntó Almeida
-Tenía un gato.
-¿Y qué le pasó?
-Lo maté-dijo suspirando sin mirar a Almeida.

Días después Lirio y Almeida se volvieron compañeras casi inseparables. La situación para ambas se hacía más amena en el colegio. Por momentos intentaban conocer los gustos una de la otra pero preferían detenerse, no quería aburrirse demasiado rápido. Era la segunda vez que salían juntas al parque.

-¿Qué haremos hoy?-Pregunta Almeida
-Cazaremos un dinosaurio
-¿cómo? SI ellos ya no existen
-Eso es lo que quieren que creemos-Dijo Lirio decidida caminando hacia adelante.

Enfrente de las dos niñas, había un montón de hojas secas que había barrido en la mañana en el centro del parque, pereciera como si un ser prehistórico fuer a esconderse ahí.

-Ahí, en el montículo, es donde se esconde nuestra presa.

martes, 16 de marzo de 2010

Yuriko.

Era un miércoles sencillo, se escuchaban notas en el aire (acordes menores y uno aquello que se colaba entre los árboles que parecía mayor) y desde muy tempano Lirio se talla los ojos para quitar esas pegadas lagañas grises de sus ojos verdes.
El departamento aún estaba frío. (La luz del sol llegaba hasta las 10:00 am) Yuriko aún no podía levantarse, (el gato viejo, fragmento de la vida universitaria del Padre), y los pies descalzos de la niña caminan sobre la duela de madera hacia una cocina que hace que le duelan los huesos.

Se sienta en la mesa enorme con un florero con flores muertas, se sirve un poco de leche, de una bolsa pequeña saca un poco de pan tostado. Rasca su cabeza, y mira con detenimiento al gato. (Piensa un momento y en su cabeza sale una voz peculiar y graciosa: la de su pensamiento)


-Yuriko tiene el corazón de leche y avellanas, su pecho es una alfombra que no puede aspirarse. Tiene dolores, es perezoso al caminar, lame mis dedos por las noches. Su mirada ya es amarillenta, como visión de mantequilla. Ahora se levanta, le daré los buenos días.

Yuriko se levanta y se estira un poco, parece romperse la espalda, y se lame un poco la entrepierna, mira a Lirio y con un brinco lento se sube a la mesa, mirando con atención ese pan tostado que estaba sobre el plato.

-Ho, ¿quieres un poco?
-Si no te molesta, sí claro, ¿Por qué no?
-Me gusta hablar contigo en las mañanas, pero siempre me pregunto por qué no hablas después.
-porque cuando la luz del sol llega mi voz se extingue. Y mis ojos se vuelen hostiles y malvados.
-Ya veo. Por eso en las tardes quieres rasguñas mis pantuflas y maúllas cuando llego a casa.
-Así es. ¿Tienes un poco de café en la cocina?
-Pero mi papá no me deja tomar café.
No importa. Voy a buscarlo- Y de otro brinco aletargado se fue a la concina.

Lirio siguió tomando a sorbos su leche, y daba mordías pequeñitas para darle al gato. Cuando Yuriko regresó, Lirio había puesto el pan sobre una servilleta.

-Muchas gracias.
-No tienes porque darlas. Te he notado cansado. ¿Estás bien?
-Ya soy un viejo, los años me han dado mucho, y me alegro de ello.
-No quiero que te mueras.
-Tarde o temprano tendré que irme niña. Y lo lamentaré tanto porque llorarás mucho, y en un par de días papá comprará a otra mascota.
-Yo no te voy a olvidar- Con una lágrima en los ojos.
-Espero que no, que yo no voy a olvidarte a ti ni a tu padre.
-Yo te amo mucho Yuriko.
- Y yo a ti, tienes tanto los ojos de tu madre, y su peculiar manera de morderse los labios.
-Nunca te voy a olvidar.
-Yo tampoco.

Lirio Abraza con fervor al gato, unos segundos pasan. Y el cuerpo del felino se enfría. Cuando la niña suelta, el cuerpo cae lentamente.

Cuando su padre despierta, Lirio llora sobre el Yuriko., y sigue abrasándolo ferozmente. Ella solo dice una cosa:

-No quiero a otra mascota.

martes, 9 de marzo de 2010

a manera de introducción...

Cuando en las ventanas sopla el viento y el sol se siente extinguir, de su boca pequeña sale la sonrisa y las manos le tiemblan. Dice que es una buena señal; mirar perpleja el cielo obscuro con la almohada y masticar papel con letras de tinta roja. Menuda y aventurera, la niña que tiene seis personas dentro de su cabeza.

Su madre siempre quizo la larga cabellera, de risos largos y cedosos.Ella se lo corta con tijeras de poco filo, y hay pedazos más largos que se le olvida cortar después. Dice que así le cuesta más trabajo el poder asfixiarse mientras duerme.


Su padre quiso el oído agudo para la música y la composición. Ella se estrella en las bocinas de la sala, cuando están a todo lo que pueden, y a veces se siente mejor al no escuchar absolutamente nada.Dice que es mejor el silencio que se crea que el que realmente existe, que es más sofocante.

Su abuela le enseñaba a pintar, a mimar al lienzo y a adorar el color que se impregna en las manos infantiles. Ella bebe la pintura para colorear su interior. (Una de las tantas existencias que habitan dentro de ella al manos lo ha de agradecer) y sentir la sensación de estallar por dentro. SU boca sonríe al ver su estómago inflado y aquel cosquilleo entre sus piernas.

Su abuelo dijo su nombre como una orden: Lirio se llamará, como mi madre (y lo repetía todas las noches constantemente en caso de que se le olvidase).
De ojos de gato, piel pálida, un cabello oscuro, pies pequeños y una boca de piraña (ella misma se describe como una quimera del jurásico, un bicho que no se encuentra en el pantano).

Sin embargo, Lirio es fragmento de vida, miseria y malos hábitos